martes, 28 de febrero del 2006 a las 23:33
···· Lo mejor de hacer lo que no quieres hacer es que te lo llevas regañando todo el santo día. Preguntándote, una y otra vez, del porque no lo estas haciendo si deberías porque es tu sueño y te encanta. Quizás sea eterno martirio, masoquismo excesivo. Ahora precisamente me estaba acordando de todos los sueños que tengo desde niño, sueños que en gran medida no se han cumplido porque espero a que toquen mi puerta mientras ejercito mi mente viendo televisión a eso de las cuatro de la tarde. Veo a personas sonrientes que lograron lo que deseaban fruto de su esfuerzo, y yo… tomando pastillas para poder hacer lo mínimo en mi posición, estudiar. No se si pensar en un fracasado o en una exitosa persona que ya esta cansada de obtener sus metas. Todo a medias en la vida, creo que debe ser por mi arrogancia y el exceso de importancia que me atribuyo en esta vida simplona y con extraños momentos de lucidez. Si, eso. Lucidez al respirar profundo porque me acordé que una vez estuve tan feliz que no sabía lo que significaba felicidad, claro, ese defecto humano de entender las cosas mirándolas desde lejos. Ese pensamiento cientificista que me ha acrecentado esta carrera simplona y social (ironia). Una vez escuché que se valora lo que se tiene cuando ya no se tiene. Cierto. Pero una vez que sucede ya no nos puede ocurrir otra vez. No por chocar una vez el auto chocarás siempre, como le decía a mi amiga Gabby, es más, aprendes a conducir con más cuidado de lo normal. Hay que aprender. Momentos de lucidez hay pocos y hay que aprovecharlos. Debo aprehender de los malos momentos, sacar conclusiones en los buenos y aplicar durante la oscuridad, solo aplicar, sin siquiera pensar en lo mal que me encuentro. Pero, ¡porque no estoy contento cuando debería estarlo, ay! Deberes deberes… No me deberían preocupar (deberían, que circular!). Importante y especial es lo que se siente. Creo que lo esencial está en no aprender la palabra “deber”, creo que la borraré de mi vocabulario. A mis hijos les enseñaré a sentir sus sentimientos y a sonreír porque son ellos y de esa forma, únicos. Siento que en este momento tengo que tomar un lápiz y un papel y escribir sobre mis sueños, los escribiré uno por uno. Sin jerarquizar. Los tarjaré a medida que sean parte de mi historia personal y sonreiré mas tranquilo porque estoy avanzando en la vida simplona esta. Como la niña Tania me dijo hace un mes: “No dejes que tus sueños sean solo mientras duermes”, que razón tienes niña. Tania tiene uno o dos años mas que la mitad de los míos y me enseña muchas cosas que mi visión ochentista no alcanza a cubrir. Nos falta, ¿nos?, me falta refrescarme de vez en cuando. Si, eso. Un refresco es lo que me hizo pensar todo esto, viendo televisión y más todo el calor que hace me dio sed, pero aquí estoy pensando sobre lo que quiero y echado en el sofá (espero que el refresco llegue pronto, con dos hielos por favor). Ya es hora, si. Cada día llega esta hora tan conflictiva desesperante de esta vida simplona. Es la hora de decidir si duermo o sigo pensando en el cómo lograr lo que quiero.